domingo, 14 de febrero de 2010

No deberías buscar más allá del último escalón, el de las bromas derretidas, las sonrisas desgastadas… Porque si no importasen los índices señalando seríamos lo perfecto y nada más. Te lo demostraría todo, pero mi provisión de guiños y mis reservas de coquetería se acabaron. También se apagó la luz y el encantamiento de las primeras palabras, de tu voz arrastrándose por las vicisitudes del viento, acariciándome el oído. Aún así siempre seguís ahí, inmutable, o casi, continuás alzándote ante todos, el más alto de los árboles en este bosque, el más bello, el más fructífero. Es que corazón, no aprendiste que las pestañas lo ocultan todo, que los susurros y los dobles sentidos son magníficos a la hora de amar. Me brindás cada cosa que te pido en nombre de los maestros de la risa, me colmás de aquello que haría de nosotros los amantes más enardecidos, la unión frenética de dos locos enamorados, pero con ese dejo de ingenuidad que me hace quererte cada vez más, pero sentirte minuto a minuto más lejos de mi mano.

Un par de cegadoras miradas, los roces, el tacto, tu voz… Tu voz y el tacto, tan sublime fusión, tanta seguridad derrochada, tanta fortaleza y resguardo sobre mis hombros, tanto placer al oírte, tanto dolor al tocarte… Tenés todas las armas para hacerme sonreír, y extrañarte a los minutos siguientes, tenés todas las armas para armarme y desarmarme, cada herramienta necesaria para unirme y despedazarme.

Destellás más belleza que la más bella de las estrellas, sabés abrazar mejor que el más abrazante calor estival, y tus besos… tus besos son lo prohibido, lo punible, lo tentador… Es que, una vez más, te lo demostraría todo, pero ahora sabes que mi provisión de guiños y mis reservas de coquetería se acabaron, que aquel sueño de amantes enardecidos, de convertirnos en dos locos enamorados frenéticamente unidos, poco a poco se ve despedazado por los índices señalando.

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